2 de febrero de 2011

Goliat

Los engranajes de latón del enorme reloj de la plaza rechinaron mientras las agujas marcaban las doce de la mañana. Alexey recorría apresurado la calle atestada de gente que se amontonaba junto al ayuntamiento, mientras agarraba fuertemente la mano de su hermana para no perderla entre la muchedumbre. Atravesando entre las piernas de la gente consiguieron colocarse en la primera fila. El corazón de Alexey latía excitado por la emoción. A su hermana no le interesaba tanto el espectáculo que estaban a punto de presenciar y tiraba, aburrida, de la chaqueta de su hermano.

-Espera un momento, Irina. En seguida nos iremos.

Pero ella siguió insistiendo, hasta que, aprovechando la distracción de su hermano, consiguió soltarse y perderse entre la multitud. Alexey corrió tras ella, pero en ese momento se abrió la puerta del ayuntamiento y su mirada fue atraída. Ante él, ante el pueblo, se alzaba el nuevo y maravilloso invento que tanto ansiaba ver. Frente a la expectación de la gente se alzaba aquella figura que Alexey jamás pudo olvidar, aquella máquina, aquel hombre hecho de cobre, de tuercas y de tubos que exhalaban vapor a cada paso que daba. Mientras su hermana pequeña desaparecía, ajena a la nueva era que surgía de la forja y la ciencia, los ojos de Alexey, aquel chico soñador de quince años, quedaban marcados para siempre por esa magia de acero que auguraba un futuro prometedor para el país.

2 Interquedencias:

  1. Me mola muchísimo Kin, no sé si es porque me has pillado inspirada y me he imaginado claramente cada renglón en mi mente o es que has hecho una pequeña obrita de arte que transmite tanto. No continua? En serio, me encanta (L)

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  2. kinjoakin, he vuelto, por tercera vez, y espero que definitiva. intento seguirte pero no encuentro el boton...
    :)

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